La fiebre por firmar un acuerdo comercial con China ciega a muchas autoridades sobre los peligros de esta negociación. Estamos de acuerdo: ¡es un mercado gigantesco!, pero ¿será real que representa una oportunidad clave para nosotros?.
La expansión comercial, el aumento en las exportaciones y una posible rebaja en la compra de materias primas son aspectos positivos, sin embargo hay que analizar el costo de obtener estos beneficios.
China no es un país que se caracterice por una excelencia industrial, y una muestra de ello es la nota que publica hoy La República sobre los problemas en la calidad de materias primas provenientes del gigante asiático.
Un TLC con China pordía generarnos una balanza comercial negativa, puesto que todo indica que aumentaríamos las importanciones más que las ventas hacia aquel país. Lo anterior por múltiples factores: falta de infraestructura necesaria para llegar hasta China, elevados costos de fletes áreos y marítimos para enviar mercadería a Asia, carencia de procesos industriales que permitan que los productos agrícolas frescos aguanten el trayecto y lleguen en buen estado, poca capacidad de producción para abastecer un mercado tan grande, diferencias culturales en gusto y consumo, etc., etc.
Esperemos que las lecciones que dejó el TLC con Estados Unidos, y la actual negociación con Europa deje enseñanzas claves, para que las autoridades nacionales midan en la balanza hasta donde podemos ofrecer tomando en cuenta los beneficios y riesgos.
Ojalá no nos tapemos los ojos ni los oídos en temas claves. El comercio es importante pero los resultados no se miden sólo en cifras, hay consecuencias más profundas que empresarios, comerciantes y productores deben defender.
13 de enero de 2009
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